En éste recuento de vida, José Spoya Cortijo, relata un hecho que da luces sobre el aspecto vivienda pos-terremoto en Huarmey, donde tuvo una importante participación...
BREVE HISTORIA DE LAS CASAS DE COSTAL EN HUARMEY.

                                                                                  Por Heber Ocaña Granados.

El terremoto del 31 de Mayo de 1970, que asoló el Departamento de Ancash, dejó un triste panorama no solo en los pueblos más afectados como el de Yungay y toda la parte sierra de la región, sino también en el pueblo de Huarmey, cuyas huellas se impregnaron en la piel bronceada del común de los pobladores. Al igual que los pueblos vecinos, los huarmeyanos sufrieron la ira de la naturaleza, que sin contemplaciones arrasó viviendas enteras y marco luto en el corazón de muchos pueblerinos, afrontando con mucha cautela y resignación para salir de aquella experiencia nefasta que les tocó vivir y que marcó su vida para siempre. Hubo casas que quedaron destruidas totalmente y otras, que se quedaron de pie, pero inservibles para habitarlas, aquellas fueron derruidas por su delicada situación en la que quedaron, luego del paso del estruendoso movimiento sísmico de la tarde del 31 de Mayo, las casas que se construían de ese entonces, eran mayoritariamente de adobes y quincha. Éste último, compuesto de caña brava y barro.

Las viviendas en Huarmey, no tenían una cimentación consistente para éstas clases de fenómenos naturales. El Huarmeyano, no construía su casa en previsión a movimientos telúricos, lo hacía por el hecho de que debía de tener un lugar donde pasar sus días, cubrirse del sol, del frío y del viento, era suficiente, probablemente desconocía las acciones de prevención, eran otros tiempos y es comprensible ésta costumbre, considerando el aspecto socio - cultural de aquel entonces, una población que solamente se dignaba a trabajar en labores del campo y la pesca, suficiente para comer, vestir y uno que otro disfrute en un pueblo de pocos espacios de entretenimiento.

En los posteriores días al fuerte terremoto, llegaron algunas instituciones con ayudas humanitarias y se apostaron en el pueblo, adjudicando diversas prestaciones de ayuda social a familias enteras, que no tenían cómo y dónde pasar el día. Entre las instituciones que llegaron, fue la Church Word Service, una agrupación humanitaria, cuyo origen era los EE.UU., profesaban la fe cristiana evangélica. Llegaron al centro del pueblo, donde solo estuvieron algunos días, para luego acentuar su centro de operaciones en el recientemente inaugurado Pueblo Joven Santo Domingo, al norte del centro del pueblo, a escasos catorce minutos de camino a pie. Era el nuevo centro habitacional que se había designado para todos aquellos damnificados que deseaban ubicarse en un lugar seguro y construir su vivienda.

La presencia de la Church Word Service, entre los damnificados tuvo una interesante participación, que no solo sirvió para cubrir algunas necesidades de índole alimentario y de ropa, sino que fue más allá, a tal punto, que logró establecer una permanente relación de comunicación y de información con entes gubernamentales con el que coordinaba para diversos proyectos, según las necesidades de la población afectada.  

El peruano-croata José Spoya Cortijo, autor del libro: “Recuerdos Inolvidables”, en el que nos dice, que “es un libro con 327 Paginas en A5. Contiene vivencias en la Selva Amazónica, en la zona Andina y en la costa Peruana. Asimismo viajes a numerosos países europeos, en especial a Croacia, también contiene experiencias institucionales y comerciales”

En éste recuento de vida, José Spoya Cortijo, relata un hecho que da luces sobre el aspecto vivienda pos-terremoto en Huarmey, donde tuvo una importante participación, no en el aporte como gente solidaria, sino como un comerciante al que dedico parte de su vida, como él muy bien lo manifiesta: “A pesar del éxito comercial y social que tuvimos en Tarapoto, después de haber vivido catorce meses en ésta ciudad, por diversas razones, sobre todo para que nuestros hijos reciban una mejor instrucción escolar, decidimos retornar a Lima”

Éste peruano – croata, acucioso trabajador, padre y esposo responsable, nos cuenta que, “En aquella época trabajé de corrido más de doce horas diarias, pues de lunes a sábado abría las puertas del establecimiento de ocho de la mañana a nueve de la noche y los domingos de nueve a una de la tarde, quedándome muy poco tiempo para disfrutar de mi hogar y menos para participar en actividades sociales, aunque constantemente propiciábamos y asistíamos a reuniones familiares”. De hecho estamos hablando de un hombre emprendedor y firme en sus propósitos. Gracias a la información de José Spoya Cortijo, sabemos del origen de aquellas casas construidas por iniciativa de la americana Church Word Service y avalado por el Ministerio de Vivienda del Perú. Queremos dejar que el mismo José Spoya Cortijo, nos cuente su experiencia y aporte para que las casas, llamadas “Casitas de costal” se hagan realidad en Huarmey:

OTROS NEGOCIOS.

“Por aquel entonces también negocié con sacos de yute de segundo uso, que las empresas pesqueras remataban por no ser aptas para la exportación de Harina de Pescado. El primer lote de ciento veinte mil sacos vendí a dos comerciantes que me pagaron con cheques sin fondos, que logré cobrar con la ayuda de abogados y de la Policía de Investigaciones, pero no obtuve ganancias. Al insistir en el negocio, me creé un problema mayor, pues volví a comprar otros ciento cincuenta mil sacos más, que no pude colocarlos en el mercado mayorista de Lima ni tampoco en Huánuco hasta donde viajé para ofrecer los costales a los productores de papas de la zona de Panao-Chaglla. Felizmente la solución se presentó de manera casual a través de la ChurchWorld Service, a quienes les vendía toda clase de materiales. Fue un sábado cuando busqué al señor Jesús Ayllón, Jefe de Compras de la citada empresa para ir a almorzar, pero antes de eso, pasamos por el depósito donde tenía los sacos de yute; Jesús al verlos dijo, que el Ministerio de Vivienda acababa de autorizar a la Church la construcción de un conjunto habitacional en la localidad de Huarmey, por lo que iban a requerir pequeños sacos de yute para inyectarles concreto, que luego debían ser insertados como anticuchos, a una gran cantidad de fierros de un cuarto de pulgada, con los que formarían las paredes de las casas. Con los datos y la explicación de Jesús hice la correspondiente cotización, consiguiendo de la Church World Service el aprovisionamiento de la totalidad de los saquitos de yute que necesitaban, para lo cual contraté al señor Lorenzo Herrera, que era fabricante de artículos de seguridad, que confeccionó los novecientos mil pequeños sacos de yute, logrando así salir de todo el stock. Las casas se construyeron en la localidad de Huarmey y actualmente se puede apreciar a esas sólidas y cómodas viviendas”.-